Las familias de Mukuru desbordan de agradecimiento y alegría por el apoyo que reciben de la Fundación

Ana Sendagorta comparte su testimonio de visita a los suburbios dónde prestamos atención pediátrica

Fundación Pablo Horstmann
Mama Otiato (izqda), con su madre y algunos de sus hijos

Alcobendas, 29 de mayo de 2026. El pasado mes de abril, un equipo de la Fundación viajó a Nairobi para visitar la Unidad Pediátrica y Maternal de la Clínica María Inmaculada. La presidenta de la Fundación, Ana Sendagorta, nos comparte su testimonio de la visita a algunas de las familias beneficiarias de este proyecto:

«Hoy hemos cruzado el río Ngong para entrar en el slum de Mukuru. Después de hacerlo, ya no es posible quedarse indiferente ante esta miseria. Hemos visitado familias con las que trabajamos junto a las Sisters of Mercy y el Mukuru Promotion Centre.

Como Beatrice, madre de Brenda, una de nuestras pacientes de la unidad pediátrica, con parálisis cerebral. Beatrice lava ropa para vivir y gana 32,90 € al mes. Paga 23 € de alquiler por una chabola donde viven ella y sus cuatro hijos. El agua, el baño, la escuela… todo se paga, incluso cuando no hay con qué hacerlo. A sus hijos mayores no le han dado el resultado de las notas en el colegio público por no poder pagarlo y no promocionarán de curso.

Entre los laberintos del suburbio, los niños aparecen de cualquier esquina. Algunos nos dicen “we want food”, otros sonríen antes de perderse por los estrechos pasillos de sus casas.

También hemos conocido a Mama Otiato, una madre de siete hijos que vive con ellos y con su madre y un sobrino en una chabola de una sola habitación. Nos recibió con una alegría y agradecimiento desbordantes, gritando de júbilo y abrazándonos a todas. Gracias a la Clínica María Inmaculada, Stephen, uno de sus hijos con hidrocefalia, pudo ser intervenido neuro quirúrgicamente y salvó la vida. El año pasado sufrió una meningitis que le obligó a permanecer seis meses ingresado. Gracias al programa SOS KIDS, pudimos costear su tratamiento.

Mama Otiato tiene otro niño de dos años con discapacidad intelectual. Por si fuera poco, ella además sufre epilepsia y carece de trabajo estable… pero nada le roba esa alegría que comparte con nosotros.

El día terminó en la Clínica María Inmaculada, hecha de contenedores provisionales, aunque ya lleva más de 40 años. Hoy hemos soñado con un edificio más grande, para poder crecer en servicios y atender a más niños.

Por último, hemos visitado a la trabajadora social, que reparte ayudas alimentarias a las familias con niños malnutridos, crónicos, o en situación de especial vulnerabilidad. En 2025, con nuestro apoyo distribuyó 1.032 packs alimentarios a 106 niños y madres.

Para todas estas familias, la clínica es una fuente de esperanza y apoyo en medio de la adversidad».