El Mago More nos acerca a la historia de dolor que inspiró nuestra misión de llevar esperanza a los lugares donde la infancia más lo necesita

Como bien sabes, celebramos 20 años de la Fundación Pablo Horstmann. 20 años de ilusión y compromiso, de entrega total y sueños cumplidos; los nuestros y los de miles de niños, jóvenes, mujeres y comunidades enteras en rincones perdidos de África. 20 años transformando la pobreza, la enfermedad y la falta absoluta de recursos en futuro, en esperanza y en frutos.
Y siempre, desde el mismo día de nuestra llegada a Turkana en 2007, con una idea muy clara e irrenunciable, que es la que da sentido a nuestra misión: el valor infinito, sagrado, de cada vida humana. De todas y cada una. Una idea que nace en el corazón de la Fundación y queda plasmada en la frase «Solo por uno», nuestra razón de ser. Porque, aunque solo fuera por transformar la vida de uno de esos niños, de una de esas madres, ya merecería la pena todo nuestro esfuerzo. Y todo nuestro amor.
Llevamos 20 años transformando la pobreza, la enfermedad y la falta absoluta de recursos en futuro, en esperanza y en frutos
Siguiendo esta celebración de la vida, hemos querido que esta newsletter sea un reflejo de nuestra labor transformadora y de nuestra convicción de que cada vida es única y valiosísima. Y lo hacemos contándote cinco historias reales de cinco personas reales que han logrado darle la vuelta a su destino gracias al apoyo de la Fundación Pablo Horstmann.
Pero antes, por si aún no conoces nuestra historia, un gran amigo de la Fundación, el conferenciante y presentador Mago More, te va a contar cómo empezó todo hace 20 años.
La historia de un niño que inspiró una preciosa misión
Por Mago More
Todos tenemos una historia. Hoy te voy a contar la de Ana y Peter. Ana es oftalmóloga y cirujana del Hospital Ramón y Cajal, y Peter es ingeniero. Viven muy bien, holgadamente, porque se lo han currado. Tienen 5 hijos y son muy felices.
Un buen día un misionero le pide a Ana ayuda para África y Ana le dice que sí. Viaja hasta allí y vive en primera persona un mundo de desastres que hasta entonces desconocía. Vuelve impactada. Se lo cuenta a la familia y dos veces al año empieza a viajar a Turkana, en Kenia.
Los cinco hijos y Peter, su marido, empiezan a involucrarse con la aventura solidaria de su madre. Primero, apañándose durante sus ausencias. Y segundo, entendiendo que vivían en una burbuja de bienestar y reaccionando para colaborar.
De los cinco hijos, Pablo está especialmente orgulloso de su madre. Pablo es bueno, alegre, entusiasta, empático y muy sensibilizado. Todos los hermanos ayudan, pero Pablo es especial. Un día, durante unas vacaciones en Mallorca, sucede algo inesperado. Pablo tiene un accidente buceando y lo rescatan del agua inconsciente para reanimarlo.


Pablo fallece a los 12 años. Llegan familiares y amigos. Se vive un drama. Todos apoyan a Ana y Peter entre llantos y abrazos. Cuando todo el mundo se va, se quedan velando a Pablo, a su hijo, los dos solos. Y llegan a la siguiente conclusión:
«Pablo tiene que seguir presente en nuestras vidas todos los días. Él era el pegamento que unía todo. Lo tenemos que tener siempre entre nosotros. Que sea nuestra inspiración. Tenemos que devolver toda su alegría y entusiasmo para que lo reciban otros niños en su nombre. Vamos a destinar una quinta parte de nuestros ingresos, como si fuera un hijo más, para una fundación».
Y ese día, delante de su hijo de cuerpo presente, deciden crear la Fundación Pablo Horstmann. Comenzaron hace 20 años la aventura de su fundación en la habitación de Pablo. Hoy están en varios países. Han escolarizado a miles de niños, les han dado educación. Han salvado la vida a otros tantos miles, construido hospitales, formando a médicos y profesionales de la salud. No me quiero extender, pero cada niño tiene una historia digna de contar. Ya sé que el problema en África es infinito, pero si salvamos a un solo niño, ya ha merecido la pena.
Me emociona mucho la historia de Ana y Peter, porque ante un problema, decidieron canalizar su energía y transformarla en una auténtica oportunidad. Hoy Pablo tendría 32 años. Yo no le conocí, pero de algún modo noto que está entre nosotros y creo que está más vivo que nunca.
Espero que este texto nos ayude a reflexionar. Si lo estás leyendo perteneces al 10% de la población más rica del planeta. Cuando tengas un problema, convierte tu energía en algo positivo. Se puede hacer. Y si tienes oportunidad de ayudar, no lo dudes, es lo único que nos vamos a llevar de este mundo.
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